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El Audiovisual digital: Vídeo bajo Demanda, una reglamentación necesaria

El VoD representa un desafío a la capacidad regulatoria de las naciones. ¿Cómo se puede identificar el principal propósito de cada servicio? ¿Cómo compartir el resultado económico de un servicio de naturaleza extraterritorial?

Rosana dos Santos Alcântara*/Brasil/Septiembre 2016.

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El audiovisual avanza velozmente en todo el mundo y está por todas partes. Los servicios son lineales y no lineales, en múltiples pantallas: cine, TV, celulares, computadoras, tablets y otras formas de disfrutarlo aún están por venir. El audiovisual es múltiple también en series, películas, inserciones tipo branded content, entre otros formatos y formas de expresión que enseñan la diversidad de una cultura plural, inclusiva y democrática.

Actualmente la frontera del desarrollo de la industria audiovisual pasa obligatoriamente por la Internet. El último informe “Marché Du Film-Tendances du Marché Mondial du Film” es el documento más importante sobre el mercado del cine en el mundo. Divulgado en el Festival de Cannes este año, señala que el VoD potencia las películas distribuidas en salas de cine.

Este servicio no lineal ha demostrado un rápido potencial de crecimiento. En los Estados Unidos, el servicio de video bajo demanda en 2010 significaba un ingreso de USD 4,636.60. En 2015, el valor aumentó a USD 9,452.80 en ganancias. Estos números incluyen la subscripción en OTT (Over The Top), el OTT por producto y el VoD en red exclusiva, las tres modalidades de servicio más usadas en el mundo. En términos comparativos, los mismos servicios en Brasil en 2010, significaban un costo de USD74.60; en 2015, saltó a USD398.90. La penetración del VoD según datos del primer trimestre de 2014 revela el potencial de dicho crecimiento: en los Estados Unidos, 46%; en México, 36%; en Brasil, 32%; en Canadá, 30%.

En una encuesta sobre hábitos de consumo en América Latina, se percibe que un 79% ve películas; 70%, música; y un 65%, series. En Brasil, un 34% de los encuestados ven VoD al menos una vez a la semana. Consecuentemente, la publicidad en línea es la que más crece, y se observa una migración de las ganancias publicitarias, afectando a los medios impresos y de TV.

Los bienes audiovisuales generan grandes externalidades positivas por el acceso al entretenimiento, a la cultura, a la educación y a la información, que generan una identidad colectiva, por lo que el audiovisual necesita de la producción local como forma de afirmación de la libertad de expresión, de la diversidad, del pluralismo de fuentes, de valoración de la cultura de un país.

Su alto costo de producción lo hace un activo importante de cualquier país. Como no es un bien rival, muchos lo pueden consumir a un mismo tiempo. Un ejemplo fue la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro, que fue vista por miles de millones de personas, simultáneamente.

Sin embargo, como es un producto intangible, tiene relativamente un bajo costo de distribución, exhibición y replicación. Una vez que la obra es realizada, o que la programación de TV es organizada, y con los costos de producción pagados, vender los derechos se vuelve algo extremadamente lucrativo que se puede hacer por un precio muy bajo. Su valor en los mercados internacionales puede ser tan bajo que puede desplazar la producción local (nacional/regional) y hacer de la actividad de producción algo aún más arriesgado. Por lo tanto, sin que haya el reconocimiento del derecho de propiedad no hay forma de que la actividad de producción obtenga una ganancia. Las cuestiones relacionadas al riesgo y al bajo costo de reproducción son tan importantes que determinan las estrategias empresariales relacionadas a la verticalización, a la propiedad cruzada de los medios, o a la integración diagonal y la internalización, o agigantamiento de las mayores empresas del mercado. Estos comportamientos empresariales generan consecuencias cruciales para el mercado audiovisual.

La concentración de mercado reduce el nivel de riesgo y permite la operación en escala. Por otro lado, puede hacer que los productores independientes que están fuera del circuito verticalizado se vean perjudicados, afectando la producción y programación local y la diversidad en la oferta de contenidos.

Desde las medidas antitrust de la historia estadounidense hasta las experiencias europeas de la actualidad, el Estado regulador se hace necesario como forma de incentivar la inversión privada, posibilitar la diversidad cultural y ampliar el acceso al contenido local, así como garantizar el derecho de los consumidores a la diversidad de contenido, formatos y servicios, por precios justos.

A pesar de la evolución, dichas características siguen vigentes en el actual desarrollo de las cadenas productivas del mercado audiovisual. Así como el cine, la TV abierta, la TV de paga y el servicio de video bajo demanda, presentan características específicas. Por lo tanto, entre los desafíos de la reglamentación de los servicios no lineales está la identificación de los límites de cada servicio y la armonización con la regulación ya vigente. La convergencia digital, que permite la exhibición del contenido audiovisual simultáneamente y en diferentes medios, es otro desafío para que se pueda crear un ambiente legal de isonomía.

El VoD representa un desafío a la capacidad regulatoria de las naciones. ¿Cómo se puede identificar el principal propósito de cada servicio? ¿Cómo compartir el resultado económico de un servicio de naturaleza extraterritorial? ¿Cómo estimular la circulación de los contenidos nacionales para aprovechar mejor el potencial de la explotación de la producción nacional independiente?

La Directiva de Servicios de Comunicación Social Audiovisual Europea verifica criterios de definición de un agente económico comprendido, de incidencia de tributación y también los mecanismos de promoción del contenido local o regional, a través del financiamiento de obras de producción local e independiente, cuotas y prominencia de visualización de la obra. Estos criterios fueron aplicados por medio de reglamentos propios en más de diez países. El debate actual en Europa y en diversos países sigue buscando caminos de mejor dosimetría entre el concepto de similitud con la TV, el tratamiento del contenido local y la nivelación regulatoria que observe obligaciones regulatorias de servicios diferentes, cuyo acceso puede ser por una misma pantalla (TV paga y OTT, por ejemplo). Un desafío de igual importancia se refiere a la armonización tributaria: tener en consideración cada situación, si estamos frente a una prestación de servicio de comunicación, o de renta, o venta de bienes y sus respectivas incidencias tributarias.

Así, se toma nota de que la regulación económica del audiovisual en cada país encontrará salidas más adecuadas si se contemplan mejor los principios constitucionales culturales y de garantía de derechos, esculpidos en las sociedades modernas.

*Abogada, Directora de la Agencia Nacional del Cine (ANCINE) de Brasil.

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