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Regulación de los medios de comunicación: ¿cuál es el mínimo necesario?

 

“La clave para evitar el control arbitrario sobre los medios – de los gobiernos o las entidades privadas- es que existan códigos éticos claros, difundidos en los medios de prensa y que estén a su altura”.

Thomas Kent (*) / Julio 2015

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Me han pedido que hable sobre la regulación de los medios de comunicación en el mundo, y que responda si realmente es posible la  auto-regulación mediática.  Antes de comenzar, debo decir que cuando hablamos de regulación de los medios, la gente suele tener ideas completamente distintas del significado de este término.

Para algunos, la regulación de los medios es un proceso positivo por cuanto pone límites a los oligopolios. Éstos ven en la regulación una vía hacia la democratización de los medios, el acceso de grupos minoritarios, y una diversidad real de visiones políticas y sociales. Para ellos, es un instrumento esencial para el desarrollo de un lenguaje y una cultura nacional.

Para otros, la regulación de los medios es algo totalmente diferente. Ellos creen que el término regulación no es más que una palabra en clave para limitar la libertad de expresión. Y su temor es que cualquier regulación mediática, especialmente viniendo del  gobierno, puede llevar a un control político de su parte. Cada vez que los políticos comienzan a debatir sobre una ley de prensa, estas personas temen que su objetivo principal no es una mayor democratización, sino todo lo contrario.

En definitiva, nos movemos en un terreno  delicado. Por una parte, queremos aumentar la libertad de expresión a un número cada vez mayor de personas,  nivelar el paisaje de los medios informativos, y dar acceso a todo el mundo. Pero, esto último ¿plantea la posibilidad de limitar la libertad de quienes están en los medios actualmente? ¿Les priva de la oportunidad de beneficiarse de la popularidad de sus productos, y de desarrollar una fuerza económica y política que eventualmente necesitarán para defender a sus reporteros contra demandas por difamación y del gobierno?

Si prestamos atención a la regulación de los medios, la primera pregunta que debemos hacernos es: ¿cuál es exactamente el problema que estamos tratando resolver?

¿Es el problema fundamentalmente económico?  ¿Poseen las empresas mediáticas tanto control que sus competidores no logran entrar al mercado?  ¿Son estos conglomerados de medios de comunicación tan poderosos que los medios alternativos como bloggers y redes sociales no logran ganar terreno?

Del mismo modo, ¿es éste un problema básicamente de democracia, en que las voces alternativas y de las minorías no son escuchadas? ¿O es un problema de ética periodística? ¿Están los medios de comunicación distorsionando la realidad sociopolítica? ¿Se ha convertido la prensa en un vehículo que promueve discursos del odio? ¿Están los medios de noticias ofreciendo cobertura a cambio de dinero? ¿Están los periódicos y las emisoras pisoteando los derechos y la privacidad de la ciudadanía?

La gente podría decir: “Sí, en realidad, es un poco de todo eso”. Pero, esto puede resultar en medidas radicales que van mucho más allá de lo que realmente se necesita.

Además, es necesario que los defensores de las leyes de prensa respondan a dos preguntas:

  • ¿Quiénes regularán los medios de comunicación? ¿La legislación nacional? ¿Las leyes internacionales? ¿Las asociaciones voluntarias de periódicos y emisoras?
  • ¿Cuáles son exactamente estos «medios» que estamos intentando regular? ¿Solamente los principales periódicos y emisoras? ¿O las pequeñas estaciones radiales de zonas remotas? ¿O los bloggers con sus miles de seguidores? ¿O cualquier persona que haga una publicación o escriba sobre algún tema público en las redes sociales?

La mayor parte de las regulaciones al sistema mediático involucra al gobierno, así es que nos detendremos sobre este punto un momento. Algunos gobiernos están claramente avocados a la democracia y la libertad de expresión. Estos gobiernos administran sus leyes de prensa con sumo cuidado, procurando interferir sólo cuando es estrictamente necesario. Existen, por otra parte, los gobiernos cuya preocupación principal es su propio poder. Si damos una mirada global, existe un número no menor de gobiernos que regulan la prensa con las mismas herramientas que utilizan para poner en vigor su voluntad en otras esferas: el poder para multar, el poder para confiscar, el poder para prohibir, el poder para encarcelar.

En este contexto, cabe preguntarse, antes de crear nuevos sistemas  gubernamentales de control, si las leyes existentes, debidamente puestas en vigor, pueden lidiar con cualquiera de los problemas que existen en la actualidad. La mayoría de los países ya cuenta con una legislación en delitos de difamación y calumnia, incitación a la violencia, invasión de la privacidad, fraude y restricción del comercio. ¿Qué problemas existen hoy día que la actual legislación no aborda? ¿Y, cuál es la regulación mínima que podría abordarlos?

Supongamos que el problema es la falta de voces minoritarias. Un gobierno podría crear un servicio de radiodifusión autónomo, como en Australia, que abre nuevos canales de comunicación, sin imposición a los medios existentes. Tal vez, la necesidad que se percibe es la de avanzar en la cultura nacional. Los gobiernos podrían crear leyes muy limitadas, como es el caso de Canadá, en que las emisoras deben incluir en sus contenidos una cierta cantidad de producción nacional. ¿Es el problema la falta cobertura de noticias y cultura en los pueblos pequeños? En los Estados Unidos, las ciudades y los pueblos pueden pedir a las compañías de cable que les entreguen canales y los equipos necesarios para que los ciudadanos realicen sus propios programas.

Una forma de regulación de los medios que se ha popularizado en algunos países es la “Ley de Derecho de Réplica», que establece que una persona o grupo, afectado por una crítica periodística, tiene el derecho a que su respuesta sea publicada o difundida en la prensa.

Pero, cuando el gobierno se plantea regular los medios, también deberíamos preguntarnos: ¿Qué hará el gobierno en favor de la prensa? ¿Serán las nuevas regulaciones administradas por un directorio independiente, libre del control político? ¿Se pondrá término a la censura previa en las publicaciones? ¿Prometerá el gobierno subvencionar  licencias para la difusión en los medios de manera ágil y ecuánime? ¿Garantizará el gobierno la integridad física de sus periodistas? ¿Distribuirá el gobierno publicidad oficial, cualquiera sea el color político de la publicación? ¿Pondrá el gobierno la documentación oficial a disposición de los periodistas para su investigación? ¿Protegerá el gobierno las publicaciones de eventuales interferencias arbitrarias, con móviles políticos, por parte de políticos y jueces que quieren evitar la difusión de historias o que otros las han sacado de sitios web?

Y por último, ¿es el gobierno el único ente regulador posible? Muchos países han regulado sus medios periodísticos con la poca o casi nula participación del gobierno.

En el Reino Unido, la Organización Independiente de Estándares de la Prensa (Independent Press Standards Organization), agrupa a miles de medios impresos y on-line y actúa como un organismo regulador completamente independiente del gobierno; está habilitado para exigir la publicación de correcciones, multar publicaciones y curiosamente, puede incluso actuar previo a la publicación de un material.

Asimismo, el Consejo de la Prensa en Holanda (Netherlands Press Council) es un organismo independiente que se adjudica disputas y actúa como mediador entre la prensa y el público. No obstante, no puede imponer multas u obligar a una publicación censurable a difundir su veredicto. La Comisión de Quejas de la Prensa Noruega (Norwegian Press Complaints Commission), entidad creada específicamente para impedir la regulación por parte de los gobiernos, tampoco puede imponer multas, sin embargo, puede exigir a sus periódicos y organismos de radiodifusión miembros que publiquen sus veredictos. La Red Ética de Periodismo ha creado un listado de conceptos para entidades de autorregulación.

Y  luego, están los países con órganos regulatorios industriales o leyes específicas para regular los contenidos de la prensa. El gobierno de los Estados Unidos y la opinión pública por lo general emplean con la prensa el mismo enfoque que con los otros sectores de la economía: dejar que éstos sean regulados por las fuerzas del mercado.

Estas fuerzas del mercado pueden ser considerables. Cuando se han desatado escándalos en la prensa estadounidense, las empresas han reaccionado rápidamente a objeto de evitar el boicot de los anunciantes y los consumidores de noticias. Cuando los ciudadanos se unen para crear un poder económico significativo se requiere de menos regulación gubernamental. La industria de la crítica periodística de los Estados Unidos en las redes sociales también es grande y poderosa.

La clave para evitar el control arbitrario sobre los medios – de los gobiernos o las entidades privadas- es que existan   códigos éticos claros, difundidos en los medios de prensa y que estén a su altura.

La Asociación de Noticias Online ha colaborado activamente con la prensa y ha ayudado a los nuevos profesionales del periodismo a crear dichos códigos. La Organización de Noticias Ombudsmen (Organization of News Ombudsmen) presta asesoría a defensorías del pueblo para que puedan cumplir con esta tarea. No cabe duda de que mientras más asuma la prensa la responsabilidad de sus propias acciones, menos posibilidades tendrán los gobiernos de justificar la creación de  sistemas para el control de los medios de comunicación.

El presente texto es un resumen de la presentación del autor en el 10º Congreso Internacional de Periodismo de Investigación en Sao Paulo, Brasil, el 02 de julio de 2015.

(*) Asesor, Red de Ética Periodística. Editor de Normas, The Associated Press

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