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Análisis - Argentina

Televisión pública en Argentina: limitaciones y potencialidades

“Canal 7 continúa repitiendo viejos vicios, anclados desde su propio origen en tanto vocero oficial, cuestión que entra en directa contradicción con uno de los emblemas de la ley, la democratización de las voces.”

 Yamila Heram */ Argentina, mayo 2015

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Han transcurrido más de cinco años desde la aprobación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA) en Argentina y son muchas las cuestiones a revisar. Uno de los interrogantes que podemos hacernos es ¿Qué sucede con Canal 7? Y si bien la pregunta es amplia, el interés está en pensar a la televisión pública –tal como se autodenomina- a partir, precisamente, de las implicancias que ello conlleva, ¿Qué se supone debería brindar Canal 7? ¿Qué ha sucedido con su programación a cinco años de aprobada la Ley? Esto nos remite a pensar en términos de contenidos y precisamente uno de los puntos que explícitamente la ley no ha abordado es este, decisión incuestionable, ya que intervenir sobre ellos tendría un alto componente autoritario. El interés por Canal 7 trae aparejado la pregunta por el poder, ya que el canal que podría y debería marcar la diferencia con el resto de la programación comercial es precisamente el que no está ligado a los intereses del mercado y, a su vez, tiene los recursos económicos para hacerlo, muchas veces ausentes en los medios sin fines de lucro. Pensar en Canal 7 en tanto televisión pública nos interpela a reflexionar en términos de mayor calidad, diversificación de voces, pluralidad informativa e independencia del Gobierno.

Sin embargo, si realizamos una suerte de test observamos que Canal 7 continúa repitiendo viejos vicios, anclados desde su propio origen en tanto vocero oficial, cuestión que entra en directa contradicción con uno de los emblemas de la ley, la democratización de las voces. Uno de los programas de la televisión pública que cumple, pero a la inversa, con todas las características de lo que debería ser es 678. El escenario que allí se plantea es a partir de binomios en una “guerra mediática”, se posiciona como un espacio de desmantelamiento de la manipulación de los grandes medios, el principal contrincante sobre el cual se organiza el discurso es el oligopolio Clarín. En función de las características que debería ofrecer una televisión pública resulta poco auspicioso un programa metatelevisivo con las particularidades de 678. Los motivos son los siguientes: 1) es un vocero de la ideología del gobierno, lo cual no tendría nada de malo si fuese una voz más entre tantas otras que circulan en la televisión pública. Recordemos que el artículo 121 inciso b expresa como uno de los objetivos de Radio y Televisión Argentina Sociedad del Estado: “Respetar y promover el pluralismo político, religioso, social, cultural, lingüístico y étnico”. En lo que respecta al pluralismo político de los 9 programas periodísticos que actualmente se ofrecen –Nadia 6:30, Visión 7 mañana, Visión 7 mediodía, Visión 7 central, Visión 7 Resumen, Visión 7 internacional, Visión 7 sábado, Visión 7 domingo y 678– si bien se puede encontrar ciertos matices, en líneas generales poco se promueve el pluralismo político. 2) es la productora privada Pensando para Televisión (PPT) quien lo realiza, si bien es cierto que la Ley  explicita en el artículo 123 destinado a la Programación que “Radio y Televisión Argentina Sociedad del Estado deberá difundir como mínimo sesenta por ciento (60%) de producción propia y un veinte por ciento (20%) de producciones independientes en todos los medios a su cargo”, no debemos olvidar que la productora privada que desarrolla 678 a su vez tiene otros programas metatelevisivos –TVR y Duro de domar– en un canal privado y muchos de los contenidos emitidos son por demás similares en ambos canales, rentabilidad duplicada. 3) se transmite de martes a viernes y los domingos, es decir, tiene una fuerte carga horaria opuesta a la diversificación de la programación (además de la retransmisión después de medianoche); 4) se organiza a partir de la propaganda oficial y la publicidad, llegando al extremo de bloques de pocos minutos (hacia el final del programa) cuya única función es la introducción de una propaganda oficial.

Ahora bien, ante estos viejos vicios del canal la misma Ley prevé un Consejo Consultivo Honorario de los Medios Públicos siendo una de sus tareas la de controlar el funcionamiento de la Ley por parte de Radio y Televisión Argentina del Estado y denunciar su incumplimiento, además de actuar como ámbito consultivo. Entonces, bien podría trabajarse en función de la ausencia de pluralismo político, evitando de esta manera cierta discordancia entre la letra de la Ley y lo que efectivamente se propone como línea editorial.

Canal 7 tiene la obligación de incluir en su programación “contenidos educativos, culturales y científicos que promuevan y fortalezcan la capacitación y la formación de todos los sectores sociales”, es cierto que se transmiten documentales muy interesantes sobre temáticas vinculadas a los derechos humanos del pasado -de las temáticas actuales poco ha expresado-; el programa “Una tarde cualquiera” es el que mejor propone la diversificación de las voces; las películas que se transmiten a la madrugada nos invitan a ver otro cine de calidad. Sin embargo no se trata de hacer una antología de aquello que se supone sería la función de la emisora. No es lo que ha logrado sino de todo lo que carece la cuestión poco auspiciosa bajo el lema la diversificación de las voces.

* Doctora en Ciencias Sociales (UBA). Conicet

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