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Vive ¿digital? Los desafíos de Internet en un país desigual

«Ya no es cuestión de preguntarse si la tecnología reduce los niveles de pobreza y ayuda al fortalecimiento de la democracia exclusivamente sino la forma como las sociedades inequitativas, como la colombiana, migran a un sistema comunicativo que está transformando todos los campos…”

 

 María Paula Martínez* / Colombia, 2015.

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En Colombia, como en todos, o casi todos, los países del mundo, la penetración de internet asciende cada año. No es un logro del gobierno, sino una obligación de los tiempos de hoy. Desde que se inauguró el servicio en el país en 1994 la red se viene extendiendo; y cumplidos 20 años el balance es de 9,7 millones de suscriptores a banda ancha según el último informe del sector TIC 2014.

¿Qué quiere decir que hayan en Colombia casi 10 millones de suscriptores a banda ancha? ¿Es mucho o es poco?. En su contexto nacional la cifra es positiva en cuanto ha aumentado en los últimos años de manera acelerada y constante como parte de un meta del gobierno (en 2010 habían apenas 2.2 millones de suscriptores). Por otro lado, resulta ser una cifra todavía muy baja para un país de más de 45 millones de habitantes y cerca de 12 millones de hogares y da cuenta de los desafíos que presenta Internet para los países con economías emergentes y niveles de desigualdad altos como Colombia (el PIB per capita es de 7,831 USD).

El origen del dilema puede situarse en la propia naturaleza de Internet que no es un servicio público como la luz, el agua o la Tv y su acceso está determinado por la capacidad de pago del ciudadano. Para tener internet hay que estar en zona de cobertura de la red (bien sea de banda ancha o móvil), tener un aparato que pueda recibir la señal, y pagar por el servicio a una compañía de operación privada. Un triple problema para colombianos que o viven en zonas geográficas difíciles como el Amazonas a donde la red de banda ancha no ha llegado, o para los que no tienen computador, ni tableta ni teléfono, o dinero para pagar por un servicio. O en el peor de los casos ninguno de los tres.

Lo que muestran las cifras es una asombrosa diferencia entre unos colombianos (conectados) y otros que no lo están. En departamentos como Antioquía, Santander o Quindío, por ejemplo, hay una penetración de entre el 12% y el 14%, mientras que en departamentos como Guanía, Vichada o Guaviare es de menos del 1%. Este fenómeno responde en parte a razones geográficas que han beneficiado a las capitales y cabeceras municipales más cerca al centro del país, pero también a cuestiones del mercado y de precios.

A juzgar por las cifras el menor de los problemas es el de tener un aparato. Según datos oficiales en Colombia hay más de un teléfono móvil por cada habitante y el 26 % de los hogares colombianos cuentan con un computador de escritorio, el 23,3% con un computador portátil, y 8,2% con una tableta (son cifras bajas pero en aumento – Departamento Nacional de Estadística, DANE 2013).  Además, en el marco del plan “Vive Digital” del gobierno Santos, se ha hecho la entrega de miles de tabletas y computadores en escuelas, centros culturales y bibliotecas de comunidades apartadas.

El problema es tener acceso a la red y poder pagar el costo que vale su operación. Según otra encuesta del DANE, sobre calidad de vida, el 44% de los colombianos dice no tener internet por que es muy costoso, mientras que un 25% porque no lo considera necesario, un 20% porque no tiene dispositivo desde donde conectarse, y un 10% porque no sabe usarlo. Para el ministro de tecnologías Diego Molano Vega, líder del programa “Vive Digital” hay cuatro obstáculos relacionados a este tema, que hacen difícil la igualdad y la democratización de internet en el país. El primero, que los colombianos no perciben Internet como un servicio útil, el segundo es el alto costo de instalación de redes e infraestructura TIC por todo el país, el tercero: el poco presupuesto que tiene el gobierno para invertir en infraestructura y cuarto, los altos costos del servicio.

Así, ya no es cuestión de preguntarse si la tecnología reduce los niveles de pobreza y ayuda al fortalecimiento de la democracia exclusivamente sino la forma como las sociedades inequitativas, como la colombiana, migran a un sistema comunicativo que está transformando todos los campos (la forma como acceden, adquieren y usan la tecnología).  Inventos como la televisión o la radio no implicaron un “saber usarlo”, tampoco un objetivo ni un fin. Desde su surgimiento se emiten por señales públicas y abiertas y tienen una forma de consumo pasiva. Internet en cambio supone un grado de alfabetización tecnológica, un ritual activo y el pago de un servicio que en el país tiene un precio alto (sin contar con el costo de instalación de redes y antenas). De acuerdo con cifras del Global Information Technology Report 2013, la tarifa de internet fijo mensual en Colombia es de aproximadamente 35 dólares mensuales, una cifra alta comparada con países como Chile donde cuesta 25 USD dólares, Estados Unidos donde cuesta 20 USD o Brasil con 17USD.

En conclusión, Colombia se enfrenta hoy a los retos típicos de una revolución, con sus utopías y tropiezos. Con un índice de abonados de 9,6 por cada 100 habitantes se ubica en la región por debajo de Argentina que tiene un 14.44, de Chile con 12,9, de Brasil con 10  y por encima de Venezuela con 7,31. Ecuador que tiene 6,37 y Perú con 5,18 según cifras del Banco Mundial.

¿Cómo lo ven los colombianos? Los optimistas como el ministro Molano dicen que “Vive Digital” se mueve tan rápido como una locomotora que va velocidad de tren bala” y su balance, según declaró en una entrevista con el diario El Espectador es; “vamos bien. Este mes estuve en Toca, Boyacá, que tiene una economía que se basa en el agro, y fue impresionante ver cómo los niños se conectan a internet y tienen las mismas oportunidades que quienes estudian en un colegio privado o viven en ciudades como Londres o Nueva York”.

Para el presidente Santos, el reto más grande no es solo conectar la población sino aprender a sacarle provecho a la infraestructura.  En el diálogo que sostuvo el pasado mes de enero 2015 con el creador de Facebook Mark Zuckerberg, reconoció que todavía no sabemos cómo ser líderes y cómo podemos utilizar esas “carreteras” para ser más eficientes. La “carretera” es el primer paso, pero el gran desafio es desarrollar las aplicaciones.

Para los colombianos en general es un servicio que deberá masificarse en menos tiempo que la luz eléctrica o el alcantarillado que a 2015 sigue sin existir en varias poblaciones colombianas.

 

Profesora del Centro de Estudios en Periodismo [CEPER] en la Universidad de los Andes.

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