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Análisis - Regional Opinión

El desequilibro regulatorio de las telecomunicaciones

Análisis de Gabriel E. Levy B.* & Sergio A. Urquijo M.**

Los especialistas colombianos Gabriel Levy y Sergio Urquijo reflexionan sobre la crisis del modelo regulatorio actual para el sector de las telecomunicaciones y TIC.

Plantean que dicha crisis es motivada por “la retirada del Estado en los temas sociales neurálgicos que ha traído como consecuencia la emergencia, consolidación y crecimiento de la denominada Brecha Digital, al tiempo que su calculada, discreta pero incisiva presencia dentro del mercado ha consolidado la concentración y las posiciones monopólicas y oligopólicas en favor de ciertos agentes transnacionales”.

A partir de este diagnóstico, los autores plantean una serie de aspectos para revisar del modelo regulatorio actual. Entre ellos, «cambios y mejoras tendientes a garantizar que la regulación responda a las necesidades democráticas de las sociedades contemporáneas, enfocando sus esfuerzos en el fortalecimiento de las industrias culturales, el equilibrio en los mercados, la protección de la privacidad de las personas, la real disminución de la concentración de poder en el sector y la garantía por la libertad de expresión”. Además postulan la necesidad de respetar y aplicar el principio de neutralidad de red; ajustar los marcos regulatorios “integrando las convergencias en sus múltiples dimensiones” y encontrar un equilibrio regulatorio entre sectores y actores.

A continuación compartimos el artículo completo “El desequilibro regulatorio de las telecomunicaciones”, publicado originalmente en el portal AndinaLink.

El desequilibro regulatorio de las telecomunicaciones

Los niveles de concentración de servicios, proveedores, consumo y contenidos en la red han alcanzado cifras históricas sin precedentes1, mientras miles de medios tradicionales están en crisis por la competencia desequilibrada que ejercen Facebook y Google2 con el mercado de la pauta publicitaria3.

El documental publicado por Netflix The Great Hack4, que detalla los pormenores detrás del escándalo de Cambridge Analytica y Facebook, caldeó el debate público global respecto de la privacidad en Internet, mientras el medio social de Mark Zuckerberg es duramente cuestionado por todos los escándalos de privacidad que lo rodea. Incluso fue sancionado recientemente con la multa histórica más alta impuesta por las autoridades estadounidenses a una compañía de Internet5.

Un análisis publicado por MIT Technology Review6 basado en investigaciones del Instituto de Políticas Tecnológicas de los Estados Unidos7, evidenció que, contrario a las cifras presentadas por la FCC, el fin de las políticas de neutralidad de red no ha mejorado los indicadores de acceso a internet en ese país.

El más reciente informe sobre Internet Inclusiva (3i), a cargo de The Economist Intelligence Unit (EIU, por sus siglas en inglés), evidenció que la disminución de la brecha digital se encuentra estancada en el ámbito global, pero especialmente en América Latina8.

Y todo esto ocurre al mismo tiempo, en lo que podríamos denominar “una crisis previsible”9.

¿Se debe cambiar el rumbo regulatorio de las telecomunicaciones?

El modelo regulatorio que prima en Occidente, que podríamos denominar corporativista, es sin duda el mayor promotor del exponencial crecimiento del sector de las Telecomunicaciones en las tres décadas posteriores a su implementación. Durante este periodo se abrió los mercados de las llamadas de larga distancia nacional e internacional, desplomándose los costos del servicio; apareció Internet, la telefonía móvil, las videollamadas, las teleconferencias y posteriormente los smartphones. Emergieron los mensajes de texto, multimedia y los datos móviles, las apps y un infinito universo de elementos hiperconectados.

Todo lo anterior permitió la constitución de una nueva sociedad postindustrial que algunos han denominado la cuarta revolución industrial, que esencialmente permite un acceso prácticamente ilimitado a la sociedad de la información.

Pero si bien este modelo corporativista ha sido funcional, ha generado mucha riqueza y transformado el mundo como lo conocemos, alrededor de él se han tejido muchas falacias y se han hecho evidentes muchas carencias regulatorias, que probablemente son la génesis de la actual crisis que estamos presenciando en el sector.

De la derrota de las políticas a las políticas de la derrota

En un documento académico publicado en 1996, denominado “¿Desregulación o re-regulación?: De la derrota de las políticas a las políticas de la derrota”, el investigador y docente argentino Guillermo Mastrini afirmó que bajo el paraguas discursivo del libre mercado y la desregulación de los servicios públicos, promovido por el eje neoconservador Reagan-Tatcher-Khol, se disfrazó una planeada estrategia para promover la retirada de los Estados en temas regulatorios esenciales, al tiempo que se aumentó el control estatal en temas que favorecían a grandes grupos económicos:

“En la utilización del concepto desregulación encontramos el intento de disfrazar una nueva dirección en la intervención encarada por una gran cantidad de gobiernos nacionales. Sostenemos que el uso del concepto de desregulación constituye una falacia construida o partir de presentar Estados en retirada, cuando por el contrario dichos Estados se encuentran en la primera línea de batalla.

Así, mientras se produce una supuesta apertura hacia un hipotético libre mercado, en realidad se están sentando las bases para regular en post de una nueva estructura de propiedad cada vez más dominada por el capital concentrado. En este sentido, tal como ha sido sostenido el Euromedia Research Group3, el término desregulación debe ser reemplazado por el de re-regulación, una nueva lógica en política de medios.”

Guillermo Mastrini – 1996

Es evidente que la desregulación de las telecomunicaciones, o la re-regulación que sugiere Mastrini, ha sido vendida por los gobiernos conservadores como la mejor estrategia para impulsar el crecimiento de este sector. Esto, si bien no es completamente cierto, tampoco es completamente falso, resultando en un tema muy complejo de intervenir y con muchas posibles miradas.

Por una parte, como lo afirma Mastrini, es una falacia que el modelo que podríamos denominar como corporativista de las telecomunicaciones haya significado el retiro absoluto del Estado, ya que en ciertos temas el Estado efectivamente dejó en manos de los particulares el futuro del sector, pero en muchos otros se quedó para garantizar la protección de los intereses de ciertos agentes, que en muchos casos corresponde a grandes transnacionales en condición oligopólica para la prestación de los servicios.

La retirada del Estado en los temas sociales neurálgicos ha traído como consecuencia la emergencia, consolidación y crecimiento de la denominada Brecha Digital, al tiempo que su calculada, discreta pero incisiva presencia dentro del mercado ha consolidado la concentración y las posiciones monopólicas y oligopólicas en favor de ciertos agentes transnacionales. Todo lo anterior es la causa predecible de la crisis que actualmente enfrentamos.

¿Qué cambios deben introducirse en el esquema regulatorio contemporáneo?

Si bien no existe ambiente político global para pensar en un cambio de modelo regulatorio, si urge la necesidad de tomar nuevas medidas tendientes a corregir las actuales perversiones del modelo, antes que la actual crisis evolucione y se convierta en una situación incontrolable:

  • Equilibrio del terreno de Juego regulatorio

Aunque el debate sobre la posición parasitaria de las OTT en relación con las empresas de telecomunicaciones tiene numerosas aristas, es indiscutible que en muchas áreas existe una simbiosis importante entre ambos modelos de industrias. Por tanto, se hace necesario encontrar un equilibrio regulatorio que distribuya el oxígeno en ambos sectores y que tenga en cuenta las características que hacen único a cada modelo, tal y como lo recomienda la ITU10, cuando señala que:

“La proliferación de servicios de contenidos y aplicaciones debe ser bienvenida, pues agrega valor a la experiencia de usuarios, por lo que el cambio es una constante inevitable y se hace necesario adaptar el entorno regulatorio alcanzando un balance entre innovación, inversión y competencia.”

Unión Internacional de Telecomunicaciones: Regulation Toolkit

Por lo que no se trata de nivelar el terreno, sino de equilibrarlo en virtud de las características de cada agente que compone la cadena de valor, algo que, aunque suena muy lógico no se ha desarrollado hasta ahora y es urgente que ocurra antes de que el daño para ambos ecosistemas sea irreparable.

  • Regulación convergente para las múltiples convergencias

Tal vez el cambio más significativo que hemos presenciado como consecuencia de la computarización de prácticamente todos los dispositivos comunicacionales, es el de la convergencia tecnológica que generó la integración de múltiples niveles de servicios en un mismo dispositivo, en muchos casos con un mismo proveedor, lo que a su vez transformó las dinámicas sociales, tema ampliamente estudiado por el académico Norte Americano Henry Jenkins, que puso en evidencia la aparición de la convergencia social y cultural11.

Con la consolidación de la denominada “Sociedad de la Información” y la “Cuarta Revolución Industrial” emergieron nuevas formas de convergencia como la de medios, la de redes, la de contenidos y la más neurálgica: la de mercados.

Es por lo anterior que se requiere ajustar los marcos regulatorios integrando Las Convergencias en sus múltiples dimensiones, un tema que va mucho más allá de lo institucional, o la figura del regulador convergente – Que como lo ha demostrado el modelo Francés, carece de relevancia -, pues se requieren de políticas integrales y estrategias regulatorias acordes con todas las dimensiones derivadas de las múltiples convergencias, dimensionando los alcances, impactos y desequilibrios, especialmente en los mercados. Una adecuada regulación convergente debe involucrar por igual a los actores tradicionales, digitales y emergentes.

  • Respeto y aplicación efectiva de la neutralidad de red

El concepto Neutralidad de Red se refiere a un acuerdo implícito entre los agentes (especialmente compañías) que componen internet, promovido y protegido por la mayor parte de los organismos regulatorios a nivel global, reconociendo todas las conexiones IP (puntos de acceso a Internet) como iguales, sin permitir que los proveedores y operadores puedan calificar, ni mucho menos sancionar o privilegiar un servicio sobre otro. Esto obliga a que todas las maquinas con una dirección única sean tratadas como iguales cuando están conectadas a Internet.

Es importante recordar que el gobierno Trump, rompió formalmente con esta categoría y está permitiendo a los operadores que prestan servicios de telecomunicaciones categorizar los servicios, permitiendo el “desempaquetamiento” de Internet, es decir, que un cliente ya no solo se preocupa en Estados Unidos por la velocidad y el volumen de datos, sino también por el tipo de contenidos disponibles en una conexión.

El gobierno Trump y la FCC han sostenido que esta medida era necesaria para disminuir la brecha digital y aumentar el acceso y la conectividad de los ciudadanos a Internet y aunque Ajit Pai, presidente de la FCC, afirma que este enfoque está funcionando, varias organizaciones sociales detectaron errores en el documento publicado por la FCC, que obligaron a la Comisión a reajustar los resultados. Posteriormente los estudios del prestigioso académico John Horrigan del Instituto de Política Tecnológica, aseguran que no existe ninguna evidencia contundente de que esta medida haya mejorado la conectividad12.

Por todo lo anterior y teniendo en cuenta los pobres resultados obtenidos con la medida y el riesgo que representa para todo el ecosistema de internet, es necesario que al menos los países que aún no han retirado esta protección la mantengan para garantizar que la red siga siendo una sola con espacio de oportunidades, plural y democrático.

  • Respeto por la libertad del contenido de los contenidos

Uno de los mayores debates respecto de la regulación de contenidos es si debe existir algún límite o control estatal. En general, en el mundo, por convención se acepta dicho control sobre contenidos que puedan poner en riesgo los derechos de los niños y la seguridad nacional. Pero algunos gobiernos regulan, censuran o pretenden regular el “contenido de los contenidos” en otros temas sensibles como la xenofobia, la sexualidad, la religión o ciertos grados de demostración política.

La experiencia de las últimas décadas ha mostrado que todos los intentos estatales de controlar mediante entidades reguladores el contenido de los contenidos, especialmente los audiovisuales, poco o nada aporta a la protección de los valores que pretenden reforzar, mientras que sí genera censura, opresión, límites al pluralismo e incluso fortalece los discursos de odio desde la hegemonía de ciertos puntos de vista.

Por tanto, como han recomendado repetidamente entidades como la Unesco y las Relatorías para la Libertad de Expresión, debe evitarse tratar de regular dichos contenidos en su fondo, pero puede hacerse en su disposición. Por ejemplo, las franjas horarias de la televisión abierta, las cuotas de pantalla y el fomento de contenidos inclusivos y plurales sí benefician el ecosistema audiovisual sin perjudicar la libertad de expresión y de empresa.

  • Protección de las industrias culturales nacionales

Otra función regulatoria en el contexto contemporáneo debe ser la protección del lugar esencial que las industrias culturales tienen en el desarrollo económico, social y cultural de los países y regiones. Sin una participación del Estado, las redes y dispositivos de los ciudadanos de nuestros países quedarían posiblemente inundados por contenidos foráneos, muy rentables pero que poco tiene que ver con la identidad y riqueza cultural de países tan complejos como los de América Latina.

Resulta esencial que existan mecanismos regulatorios como las cuotas de pantalla, en fomento de las coproducciones y, sobre todo, que existan compensaciones de las transnacionales para mantener vigorosos los fondos locales que financian la producción y difusión de contenidos culturales y aplicaciones tecnológicas propias y lo más importante, esas contraprestaciones no solamente deben existir para las empresas de telecomunicaciones, sino también para las OTT.

  • Desconcentración de los medios y servicios

El lugar común de las perversiones entre las empresas de telecomunicaciones, los medios tradicionales y las nuevas OTT es la concentración, es decir el acaparamiento de la infraestructura, la producción de contenidos y la distribución de estos en manos de unos pocos grupos económicos transnacionales, que gracias a su posición oligopólica generan posiciones dominantes de mercado, coartan la diversidad y la competencia, ejercen control de precios y alteran el equilibro democrático.

Es por todo lo anterior que quizás el mayor desafió que enfrentan los organismos regulatorios a nivel global, es ampliar el espectro de proveedores en toda la cadena de valor de las telecomunicaciones, garantizando la mayor diversidad social, económica, geográfica y política, en aras de la promoción de una verdadera libre competencia y de un mercado robusto que no dependa de los caprichos de unos pocos jugadores.

  • Privacidad y protección de información

Pero sin duda el mayor desafío es garantizar que el activo más valioso que existe en el siglo XXI: La Información, especialmente la privada y sensible, se encuentre protegida por reales mecanismos regulatorios que eviten que compañías como Facebook de manera intencional o no, puedan seguir influyendo en el equilibrio democrático a nivel global y que los intereses económicos no se sobrepongan a los derechos de las personas.

Este último punto, es el que quizás mas esfuerzos a demandando por parte de la Unión Europea, que a través de su nueva directiva traza algunos lineamientos destacables, y que igualmente ha prendido las alarmas en Estados Unidos, al punto que las autoridades han tenido que imponer sanciones ante la gravedad de los hechos.

Aunque este es el tema más visible en toda la agenda regulatoria global, está claro que los esfuerzos que se vienen desarrollando no son suficientes y urge una mayor atención por parte de los organismos reguladores, gobiernos, sociedad civil y en general por todos los agentes que componen la cadena de valor de las comunicaciones.

En conclusión, si bien no es posible pensar en un cambio de la actual arquitectura regulatoria que hemos denominado corporativista, si es necesario hacer algunos cambios y mejoras tendientes a garantizar que la regulación responda a las necesidades democráticas de las sociedades contemporáneas, enfocando sus esfuerzos en el fortalecimiento de las industrias culturales, el equilibrio en los mercados, la protección de la privacidad de las personas, la real disminución de la concentración de poder en el sector y la garantía por la libertad de expresión.

* Gabriel E. Levy B. Asesor Consultor Experto en contenidos y telecomunicaciones Docente Universitario: UdeA – U Externado

** Sergio Urquijo es docente, periodista e investigador

ENLACES RELACIONADOS:

OBSERVACOM junto a organizaciones sociales presentaron su propuesta de regulación de grandes plataformas en LACIGF

Raúl Katz: El nivel de concentración óptima es de tres operadores en telecomunicaciones

Abordando el Poder de las Plataformas Digitales

1 https://www.observacom.org/concentracion-en-internet-un-asunto-de-capas/

10 ICT Regulation Toolkit: Regulating ‘Over-the-Top’ services

11 Cultura de convergencia: donde viejos y nuevos medios chocan , Prensa de la Universidad de Nueva York, Henry Jenkins. Edición ilustrada, reimpresa, revisada. Editor NYU Press, 2008 ISBN 0814742955, 9780814742952, 353 páginas

12 https://www.technologyreview.es/s/11210/el-fin-de-la-neutralidad-de-la-red-no-ha-mejorado-el-acceso-internet

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