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Estados Unidos: Certezas e incertidumbres en las telecomunicaciones en la era Trump

El nombramiento de Ajit Pai como director de la Comisión Federal de Comunicaciones es un mal presagio, con el dominio absoluto republicano del gobierno federal, el pronóstico es auspicioso para corporaciones interesadas en desregular diversos aspectos de la industria de telecomunicaciones.

Silvio Waisbord*/ Estados Unidos/Marzo 2017
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Con la llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos regresan los eternos objetivos de los Republicanos – la desregulación de vastos sectores de la economía, generosos recortes de impuestos para la elite económica y financiera, y políticas de “ley y orden” en seguridad pública. Más allá de sus amagos populistas, pensamiento errático sobre verdades neoliberales, y suprema ignorancia de cuestiones básicas del policy-making, Trump es el caballo de Troya para viejas obsesiones conservadoras.

Este matrimonio de conveniencia entre los republicanos y el magnate inmobiliario devenido presidente es fundamental para entender cambios en el sector de las telecomunicaciones, en particular los ligados a la neutralidad de la Red y la concentración de la propiedad. Aunque la imprevisibilidad y narcisismo de Trump hacen difícil realizar pronósticos certeros, sobra evidencia que justifica preocupaciones sobre el futuro de una Internet abierta y el pluralismo de contenidos y propiedad.

El nombramiento de Ajit Pai como director de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC en sus siglas en inglés) es un mal presagio, fundamentalmente porque cambia la mayoría del voto a favor del bloque republicano. Además, significa un cambio clave comparado con Mark Wheeler, el anterior director nombrado por Obama, quien estuvo a favor de aumentar el alcance y calidad de la conectividad. Pai se desempeñaba como comisionado de la FCC y, entre otros cargos, fue abogado de Verizon. Se opuso a políticas destinadas a mejorar el acceso a la Red de poblaciones de bajos ingresos y brindar servicio de alta velocidad en escuelas y bibliotecas en barrios de menores recursos. En varias oportunidades, Pai ofreció un rosario de clásicos inoxidables del léxico republicano, que ve cualquier regulación federal en pos de beneficios públicos negativamente, como asfixia de la libertad, la creación de empleo, y la innovación tecnológica.

No es descabellado pensar que le queda poca vida a la Open Internet Rule (la Regla de la Red Abierta). La Regla fue aprobada por la FCC en el 2105 en una votación de 3 a 2 dividida según lealtades partidarias. Contiene principios centrales que reflejan la posición demócrata de la última década. Le confiere autoridad a la FCC para mantener la Red gratis y abierta, y califica a Internet como “utilidad pública,” lo cual determina que los proveedores de servicios deben ser regulados. Es importante destacar que la Regla contó con dos elementos determinantes: el apoyo sostenido y público de Obama, quien demostró enorme interés y compromiso (lo cual es inusual para un presidente) y la fuerte presión de sectores de la sociedad civil movilizados a favor de la neutralidad. Asimismo, el apoyo judicial fue determinante ya que falló en contra del caso presentado por las empresas que cuestionaron la Regla.

El panorama cambia sustancialmente con el gobierno de Trump. Sin los demócratas en la Presidencia y contando con mayoría en ambas del Congreso, los republicanos tienen el camino abierto. Todo pareciera indicar que los republicanos están dispuestos a abandonar la aplicación de la regla con el visto bueno presidencial. En uno de sus frecuentes tuits, Trump había calificado a la Regla como una intrusión del gobierno federal contra los “medios conservadores”. Además, tuvo escaramuzas verbales con Amazon y Google que apoyaron la postura demócrata.

La eliminación de la Regla no solamente implicaría el fin de la neutralidad sino también daría impulso a la fusión de empresas que proveen servicios y contenidos. Esto no sería un rasgo nuevo sino la continuación de las políticas bajo el gobierno de Obama que favoreció la integración de grandes conglomerados, como la reciente unión de AT&T y DirecTV.

Frente a los potenciales cambios, los demócratas han prometido defender la neutralidad de la Red. Resta por saber cómo actuará Silicon Valley, que en los últimos años apoyó posiciones demócratas tanto verbal como financieramente. En un editorial del 15 de Febrero, el influyente Mercury News basado en el corazón del Valley, llamó a la industria a luchar para defender la neutralidad. Su argumento es que el fin de la neutralidad afectará negativamente tanto a pequeñas compañías que estarían en desventaja frente a gigantes como Google como al tercio de la población que no pueden elegir proveedores de banda ancha.

Son varias las especulaciones sobre escenarios posibles. Si los republicanos en el FCC tuercen el rumbo bruscamente y deciden eliminar la Regla, es posible que trascartón haya peticiones judiciales para revertir la decisión. Si las grandes corporaciones de Silicon Valley dan batalla, es difícil entrever que la iniciativa republicana triunfe, por más que tenga fuerte apoyo de las empresas de telecomunicaciones. Es importante remarcar que no hay un sólido bloque corporativo vertebrado detrás de una propuesta, sino que hay diversas corporaciones con intereses que no necesariamente están en sintonía y que tienen alianzas diferentes con demócratas y republicanos.

También hay una cuestión de tiempo político que hace difícil anticipar que ocurrirá. No se puede asumir que la cuestión de la neutralidad sea prioritaria para Trump en el momento actual. Sería abrir otro frente, con potenciales enemigos fuertes, en medio de la tormenta inicial de su gobierno sacudido por escándalos, filtraciones, y conflictos internos.

En cambio, es factible que la concentración de propiedad en la industria continúe en un clima favorable. La fusión de Time Warner con AT&T por 85 mil millones de dólares está en marcha, aun cuando Trump se haya manifestado en contra, aduciendo que limitaría la competencia en el mercado. Un tema vinculado es la postura que pueda asumir Trump considerando su conflicto abierto con CNN, que es parte del conglomerado Time Warner y que viene criticando fuertemente a la Casa Blanca.

Más allá de esta rencilla que no le saca el sueño ni a las corporaciones ni al establishment republicano, los pronósticos son favorables para la megafusión ya que no pareciera enfrentar mayores escollos en el Congreso. Se especula que podría ser concretada este año con la aprobación del Departamento de Justicia. Asimismo, es altamente posible que también se flexibilice el límite de propiedad de estaciones de televisión, una antigua demanda del sector empresarial interesado en expandir el número de propiedades a nivel local y regional.

Queda claro que, con el dominio absoluto republicano del gobierno federal, el pronóstico es auspicioso para corporaciones interesadas en desregular diversos aspectos de la industria de telecomunicaciones y que el trumpismo representa la continuación de políticas mercantilistas con una delgada fachada populista.

*Associate Director, Professor of Media and Public Affairs de la Universidad George Washington, Estados Unidos.

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