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Estados Unidos: La instintiva ilusión de la diversidad mediática

“Así como no creemos que un cuerpo es efectivamente serruchado en dos mitades, no debemos confiar en la ilusión instintiva de la diversidad mediática…”

Silvio Waisbord*/Estados Unidos, noviembre 2014.

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Un desafío para todo interesado en la libre expresión y el pluralismo de medios, es explicar por qué la concentración sigue siendo un tema importante en la aparente dispersa y caótica ecología mediática actual.

Se suele escuchar que estamos en una mayor diversificación de la oferta de contenidos, ilustrada por la nutrida grilla de la televisión de cable y satelital, docenas de radios, kioscos callejeros abarrotados de diarios y revistas, y el infinito universo digital.  Se sugiere que cualquier persona con acceso a internet y tecnologías de relativo bajo costo, puede producir contenidos; lo impensable hasta hace poco tiempo. ¿Acaso no se han reducido los costos de entrada al vasto mercado de producción y distribución de contenidos en plataformas digitales? ¿No son los blogs y los “medios sociales”, vehículos para difundir una infinidad de contenidos que colocan al individuo, y no las empresas, como dueño de sus preferencias? ¿No estamos en el mejor de los mundos posibles?

Como en la magia, las apariencias engañan. Así como no creemos que un cuerpo es efectivamente serruchado en dos mitades, no debemos confiar en la ilusión instintiva de la diversidad mediática. Es un trompe l’oeil que ignora la persistencia de restricciones y desigualdades que limitan contenidos posibles que expresen  la heterogeneidad de las sociedades contemporáneas.

La situación actual de la industria de medios en Estados Unidos demuestra inequidad debajo de la ilusión de la diversidad mediática. Esta situación afecta negativamente expresiones y contenidos que, necesarios para el pluralismo democrático, están desligados de la lógica comercial que espera réditos masivos.

Hoy en día, la industria de medios norteamericana es más concentrada que en el pasado. Mientras que a principios de la década del ochenta, 50 compañías controlaban el 90% de la oferta mediática, este porcentaje es dominado por seis mega-corporaciones: CBS, Comcast, Disney, General Electric, News Corporation y Viacom. La televisión de paga exhibe alta concentración. Cuatro compañías –Comcast, Time Warner, Cox, and Charter–  dominan el mercado nacional de cable. Dos compañías – DirectTV y DISH Network – controlan la mayoría del servicio de televisión satelital. De ser aprobada, la propuesta de AT&T, de adquirir DirectTV llevaría a una mayor concentración, ya que reduciría la competencia a tres compañías que controlan un cuarto del mercado.

¿Por qué a pesar de la explosión del acceso a contenidos digitales, el orden presente no debe ser calificado como pluralista?  Las situaciones tienen particularidades según el sector.

Consideremos el caso de la cantidad y calidad de la información. A menor competencia en mercados concentrados, hay menos incentivos para que las compañías mejoren la calidad de la información.  La economía de escala de los grandes conglomerados prioriza la producción de contenidos homogéneos y relega información local o para audiencias determinadas sin similar atractivo de producción de ganancias debido a costos y su potencial de rédito. De ahí que el futuro del periodismo en Estados Unidos, particularmente a nivel local o ciudades medianas donde existen cuasi-monopolios informativos, sea preocupante, ya que se prevé la concentración en una empresa que domine tanto los diarios tradicionales como la televisión.  Mientras avanza la consolidación empresarial, no hay motivación económica para la producción de información de calidad, critica del poder o que demande inversiones importantes. La crisis económica en la industria de diarios desde el 2006 llevó al cierre de docenas de diarios y a la reducción notable de personal y recursos, socavando la producción de información local y regional. Este un caso clásico de fallas del mercado cuando las compañías no están interesadas en proveer contenidos que no se ajustan a expectativas de altas ganancias.

Otro problema es que la concentración cierra las puertas para que los medios reflejen perspectivas e intereses de minorías étnicas y poblaciones locales. Grupos “minoritarios” controlan menos del 5% de las estaciones de televisión y 7% de las compañías de radio a nivel nacional. La obsesión por economías de escala olvida la provisión de contenidos que producen ganancias significativamente menores.

En la creciente reducción del número de proveedores ofrece menores incentivos para la reducción de costos y calidad de servicios. Además, la concentración fortalece enormemente el poder de las compañías de cables y satélite de decidir el acceso a contenidos televisivos. Varios conflictos recientes entre corporaciones que controlan los canales de acceso y producen contenidos ilustran esta situación demuestran la censura empresarial basada en cálculos puramente comerciales.

Si el pluralismo demanda un mercado saludable y disperso de financiamiento, el orden del mundo digital es menos democrático que en el pasado. Las corporaciones dominantes, particularmente en Internet -como Google y Facebook– capturan un porcentaje sustancial de la publicidad en Internet. Esto reduce sustancialmente el mercado publicitario para compañías medianas y pequeñas (como para grandes compañías productoras de contenido).  Se dice, con razón, que la industria digital es más concentrada que los mercados de a mediados del siglo pasado, si tomamos indicadores como inversiones en publicidad como preferencias de consumo.

Estos ejemplos sugieren que las innovaciones tecnológicas recientes no han reducido el poder de los gigantes de los medios y la telecomunicación. Controlan los contenidos y las vías de acceso a las audiencias masivas. La ausencia de cambios regulatorios a favor del pluralismo y la aprobación de la consolidación empresarial, como en el caso de Comcast y la NBC por la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC en sus siglas en inglés), continúa fortaleciendo la posición de pocas compañías. De hecho, la FCC ha expresado menor preocupación por la regulación de la propiedad de los medios tradicionales bajo el argumento que el uso masivo de plataformas digitales hace innecesarias las restricciones y que el “libre mercado” se encargará de satisfacer demandas públicas. Tal postura contribuyó a la disminución de la diversidad de la propiedad y el profundo desinterés en políticas que apuntalen la diversidad de contenidos.

La cuestión de la concentración también pone en el centro del debate a la neutralidad de la Red. La propuesta de la FCC otorga la capacidad a un manojo de proveedores de servicios de Internet de ofrecer “carriles rápidos” a compañías que puedan afrontar costos, cristalizando jerarquías de acceso y uso. Tal propuesta ha sido criticada por organizaciones alarmadas por las consecuencias para la libertad de expresión, la participación y la innovación.

Estos casos sugieren que la mayor diversidad aparente no debe confundirse con la situación real. Hay profundas desigualdades en el acceso a la producción de contenidos y la distribución de información y entretenimiento. La concentración trae consecuencias negativas para la calidad, diversidad y costos de la información. Por eso es necesario continuar demostrando la ilusión de argumentos superficialmente atractivos que olvidan las realidades de la industria. No existe  un terreno nivelado donde todos los ciudadanos y empresas tengan el mismo poder. La paradoja de la homogeneidad en la aparente diversidad debe ser explicada para corregir falsas impresiones sobre el caótico mundo mediático e informativo contemporáneo.

*Profesor en la Escuela de Medios y Asuntos Públicos y Editor del Journal of Communication de la George Washington University.

 

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