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Un round importante en la larga pelea por la neutralidad de la Red

“La decisión, sin embargo, no es la batalla final ni significa el triunfo rotundo de las voces por el pluralismo. Puede ser contradicha por el Congreso o deshecha por las cortes. Por lo tanto es un capítulo, importante sin duda, en el futuro de la Red, pero no se sabe si será decisivo.”

Silvio Waisbord (*)/ Estados Unidos, Abril 2015

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Es indudable que la decisión de la Comisión Federal de Comunicaciones (CFC) de los Estados Unidos a favor de “la neutralidad de la red” es un hito importante. El 26 de Febrero, por tres votos contra dos, la CFC emitió su posición más firme hasta el momento sobre la necesidad de preservar una Internet abierta, sin limitaciones de contenido impuestas por los proveedores de servicios. Es una señal a favor de quienes se oponen a que la Red se convierta en un espacio desigual de acceso a la información y comunicación digital. Es un voto de confianza para quienes piensan que es necesario regular ciertos aspectos para garantizar acceso libre a toda la Red, sin peajes onerosos que generen y perpetúen diferencias.

¿Fue una decisión sorprendente? Si se mira el origen político de los votos, no hay sorpresas. Después que el presidente Obama expresara públicamente su oposición a que la Red se convirtiera en una carretera con pistas diferenciadas, era de esperar que tanto el Director como los dos miembros demócratas de la CFC votaran a favor y que los dos miembros republicanos votaran en contra. Recordemos que Obama urgió a la CFC a reclasificar el servicio de banda ancha de la Red como un servicio de telecomunicaciones en Noviembre del 2014.  Esto implica pensar la Red como un servicio público con las mismas regulaciones que servicios como la luz y el agua.

Quedará como materia de especulación si la decisión final fue influida por la inusitada participación ciudadana, de casi cuatro millones de comentarios mayoritariamente a favor de la neutralidad. Gran parte de estos comentarios fueron emitidos después que John Oliver, el conductor del programa periodístico-cómico de cable Last Week Tonight, criticara con ironía y agudeza la posición a favor de la desregulación y convocara a la audiencia a expresar su opinión.

La decisión, sin embargo, no es la batalla final ni significa el triunfo rotundo de las voces por el pluralismo. Puede ser contradicha por el Congreso o deshecha por las cortes. Por lo tanto es un capítulo, importante sin duda, en el futuro de la Red, pero no se sabe si será decisivo.

Antes que se secara la tinta de la decisión, sus oponentes movilizaron las tropas legales para continuar la disputa por otros medios. Hay dos juicios en curso: uno iniciado por un grupo que representa a proveedores de servicios y el otro en nombre de una compañía de banda ancha.

Esto no sorprende ya que, como suele suceder en Estados Unidos, cualquier disputa política suele pasar a las cortes y al dominio de encumbrados estudios legales en Washington.  Frente a cualquier decisión negativa, hay un instinto casi instantáneo de litigar aquello que se pierde políticamente. Por eso no es exagerado decir que quienes más festejaron la decisión de la CFC fueron los abogados quienes tendrán meses, sino años, de trabajo intenso.

Asimismo, es errado pensar que la decisión implica el éxito uniforme de posiciones democráticas empeñadas en sostener la Red como espacio libre y democrático. La alianza que sostiene el triunfo parcial es más heterogénea de lo puede sugerir una lectura apresurada. Si bien la decisión refleja una pelea entre reguladores y desreguladores, demócratas y republicanos, sociedad civil y corporaciones, es más compleja ya que representa una disputa entre dos coaliciones con motivaciones diferentes.

El frente anti-regulación es políticamente capitaneado por los republicanos en el Congreso que flamean las banderas del libremercadismo y consideran una herejía cualquier regulación que interrumpa el supuesto ciclo natural del mercado. Son quienes han amenazado con reducir los fondos de la CFC y utilizar otras medidas (como reducir formas alternativas de financiamiento y nombramiento de sus miembros) para penalizar el atrevimiento de una agencia del gobierno federal de entrometerse donde no debe.  Advirtieron que el valor de las grandes telcos se desplomaría si la CFC aprobara la neutralidad. Azuzaron el fantasma que la regulación resultara en precios más altos para los consumidores, conexiones más lentas y la pérdida de competitividad particularmente frente a Europa. Lanzaron pronósticos agoreros de menos inversión y competencia ya que la regulación, en su opinión, se reduce incentivos empresariales.

Más allá de la entusiasta verborragia ideológica y las descripciones de escenario apocalíptico subyacen los intereses de las proveedoras de banda ancha y servicios inalámbricos como AT&T, Comcast, Motorola y Verizon que viene batallando contra cualquier tipo de regulación. Encarnan el big business, el establishment de la industria. Comcast y Time Warner controlan alrededor del 65 por ciento del acceso a banda ancha, y  AT&T y Verizon controlan un porcentaje similar en el mercado de telefonía celular. Este grupo de empresas han financiado generosamente think tanks y fundaciones que propagan el discurso anti-regulatorio. No hay duda que las empresas con enormes recursos económicos volcaron su apoyo a derrotar la decisión y que otras, como Facebook y Google, no tomaron abiertamente partido.

Si bien esta posición encarna el Goliath de las grandes corporaciones, esto no implica que del otro lado esta solamente el humilde David del interés público. Hubo una alianza dispar que incluyó al gigante Sprint, empresas crecientemente importantes como Tumbler (pero minúsculas comparadas con el poder económico e influencia política de los gigantes de las telecomunicaciones), asociaciones progresistas y liberales, organizaciones de activistas de la sociedad civil, y académicos. De ahí que el triunfo parcial tenga un sabor especial considerando las diferencias siderales de poder entre ambos bandos.

Pero no hay que olvidar que hay un elenco con intereses cruzados y opuestos en la regulación de la Red. La decisión favorece a actores dominantes en servicios particulares como Facebook (“medios sociales”), Amazon (comercio), Netflix (películas) Google (búsquedas y otros) y Spotify (streaming de música). La razón es simple: no se modifica el orden actual y no los obliga a adaptarse a una hipotética Red de contenidos y servicios diferenciados.

Queda por saber las consecuencias reales de la decisión y la certitud de los vaticinios pesimistas. Quizás algunas empresas optarán por litigar mientras otras esperaran al juego político y la dinámica del mercado. No olvidemos que la neutralidad otorga enormes ventajas a quienes actualmente dominan la prestación de servicios de Internet y cable.  También se comprobará el impacto en cuestiones como inversiones, estructuras de precios, términos de contracto, banda ancha municipal y calidad de servicios, es decir, los objetivos que aglutinaron gran parte de la coalición que celebró la decisión.  Es demasiado temprano para cantar victoria o decretar derrota en una pelea que seguramente tendrá una cantidad impredecible de rounds.

* Profesor, Escuela de Medios y Asuntos Públicos, George Washington University

ENLACES RELACIONADOS:

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13 things you need to know about the FCC’s Net neutrality regulation

Documento oficial completo de la normativa emitida por la FCC sobre Neutralidad de la Red

Neutralidad de la red: la FCC declaró Internet como servicio público

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